17 enero 2009

Cuando dejo de buscar

Esta mañana he ido a Salamanca a un herbolario que encontré en la web, para comprar algunas cosas raras que me gusta comer. Como no tenían lo que buscaba me han recomendado otro sitio.

Así que allí me he dirigido. Por fin he encontrado un herbolario donde tienen mucha comida. Cuando he preguntado por jengibre fresco, Queti, la dueña del herbolario, me ha indicado una frutería, nada más ni nada menos que en la avenida de Italia, donde suelen tener. Hasta aquí nada tiene que ver con el título del post, porque realmente sí que buscaba todo lo que he ido encontrando. Sin embargo, en la frutería Italia... allí estaban, relucientes, verdes, jugosas. luciendo su esplendor junto a calabazas y manzanas.. Unas magníficas habas. Se me han puesto los pelos de punta y sólo he podido decir "¡tienes haaabaaas!". María, la frutera, que es gallega, me ha explicado que lleva dos años en Salamanca, pero que ha vivido 17 años en Cataluña y por eso todavía tienen algunas rarezas que por aquí no se ven demasiado. Me he acordado de lo que me gustaba de pequeña pelarlas y comerlas crudas. Hemos hablado de arroz con habas, de que a la col aquí la llaman repollo, que a la zanahoria se le dice pastanaga en catalán o a la berengena, albergina.

Me he ido a casa más contenta que un ocho y no me ha importado la multa por no pagar la zona azul. Para celebrarlo me he echo una sopa de pescado con una receta dominicana que nada tiene que ver con la receta, pero me ha inspirado mucho y me ha salido buenísima.



Me he dado cuenta que con los cuentos soy igual. Nunca he sido capaz de reproducir un cuento tal cual me lo he encontrado. Suelo meter ingredientes propios, experimento si digo esto o aquello. Si un día me falta algo, lo sustituyo por otra cosa... Cocinar y contar, todo es empezar.

4 comentarios:

iza dijo...

Que rica la zopita...

Patricia Picazo dijo...

Ha quedado más, si quieres ya sabes ;-)

Jésvel dijo...

Mi padre siempre dice que el arroz como más rico está es con habas (y mi padre es de Chinchón, nada que ver con el maravilloso levante).

El otro día, paseando por tu güeb, vi tu vídeo de los Tres chivos, chivones y no pude evitar pensar en cómo aprendí a contárselo a mis hijos, en cómo el relato evoluciona de una vez a otra.

Sí, los cuentos están vivos. Para mí (que no cuento públicamente historias) el auditorio es fundamental, las reacciones de mis hijos siempre me han ayudado a dar vida a la historia, incluso ahora que, como ya van leyendo, saben que lo digo no es lo que está escrito.

Eso sí, lo mejor de los chivos chivones venía al final del álbum, en la guarda de atrás, con el pobre ogro con las heridas malamente restañadas. Los niños, todavía se acuerdan... y eso que hace años que no se lo cuento con el álbum delante.

Patricia Picazo dijo...

Ahora lo ha publicado Kalandraka. Ya sabes que cada maestrillo tiene su librillo. Y ése es el encanto de los cuentos. Que son distintos según la persona que los cuente.