Mallorca
Me encontré con bibliotecarios motivados, que disfrutan de su trabajo y saben del valor de los cuentos. Unos niños y niñas atentos, inquietos, imaginativos. Que se esforzaban por entender las palabras, por ver las imágenes y que disfrutaban con las historias. Que querían otro más y escuchaban atentos lo que nos cuentan las estrellas. De ellos recibí sonrisas y abrazos, besos y bises.
Reservé un tiempo fantástico hasta el jueves, porque a los astros les gusta jugar con mis deseos. Así que tuve lluvia y sol, calor y viento. Me recibieron de la mejor manera que me pueden recibir: con una sonrisa y cerveza en el ojal, la noche de los muertos. Paseé por una ciudad embrujada; encontré escondites y escondrijos; un kebab de madrugada y tequila reposado. Me dejé llevar por la humedad de las callejuelas, el olor de las flores de la rambla y del pescadito. Disfruté de un paseo con helado y de los bares de fritanga. Una tortilla de patatas y champiñones frente al mar.
Y sí, fue maravilloso viajar hasta Mallorca. El jamón peñarandino fue bien recibido y gratificado con una exquisita crema de verduras.

