23 diciembre 2010

Apariencias


Uno ya no se puede fiar ni de los iconos navideños. Si el verdadero Papá Noel es un escuálido, ¿qué guardarán los Reyes Magos debajo de las capas? ¿Alguien ha pensado alguna vez quién les cuida los camellos? ¿Y si no son camellos de verdad? ¿Qué ocultan las jorobas? ¿Qué cenaron los pastores cuando vieron al ángel anunciador?

Que a uno le mientan en la infancia y que se crea que el señor de rojo y los reyes magos son ominipresentes, que en una noche les da tiempo a repartir todos los regalos del mundo, que leen las cartas en todos los idiomas, etc., vale. Pero, ¿y la gente que vive engañada toda la vida? Uno, a los 50 años descubre que el que creía que era su hijo no lo es, que fue adoptado o que fue robado del hospital donde nació...

Y qué mejor momento para descubrir la verdad de tu vida que en las tiernas cenas navideñas donde salen a relucir los trapos sucios de las familias al son de botellas de anís y zambombas. En las que el alcohol aligera la lengua y las burbujas de cava destapan los secretos. Con la resaca emocional veremos el resumen de la noche estampado en fotografías digitales que esconderemos en algún rincón oculto de nuestra alma y desearemos por un momento que el Alzéhimer se apiade de nosotros. Nos prometeremos no ir a la próxima reunión familiar, pensaremos originales excusas. Todavía tenemos un año por delante, seguro que se nos ocurre algo. Por imaginación que no sea. Si alguna vez creyeron que unos reyes magos les traían regalos, ¿por qué van a desconfiar de su propia familia?

2 comentarios:

Jésvel dijo...

Estupenda conclusión, Patricia.

pepe dijo...

No es nuevo que nada es lo que parece, que la apariencia engaña incluso la de los más cercanos y que los borrachos y los niños dicen la verdad...
Estupenda reflexión que hace que se confirme lo ameno que es pasar por aquí a cotillear un poco de vez en cuando.
Felices fiestas.