Lluvia
Hoy es mercado y llueve sin parar. La gente lleva paraguas y abrigo como si estuviésemos en octubre y no en junio. Los puestos del mercado se cubren con plásticos y otros se desmontan porque no vale la pena.
La churrería se pone las botas sirviendo chocolate caliente y churros que se toman en los soportales de las tres plazas al resguardo de la lluvia (a ver si amaina y puedo comprar las verduras). Creo que este fin de semana me vuelvo a quedar sin cerezas. Los puestos de ropa casi no han vendido nada. Todo se moja y el cielo gris.
Qué diferencia con los días de mercado junto al mar, con olor a pescado y a fresas recién cogidas. El brillo de las frutas y la variedad de verduras, todo colorido y calidez. Aquí no se escuchan los murmullos de la gente contando lo último que les ha pasado o poniéndose al día de una semana a otra. Aquí la gente camina con la cabeza baja para no mojarse.
Hoy hace día de comer el mini cocido del Alejo en cazuelita de barro con cucharita de café. Apetece meterse en casa y escuchar la lluvia en los cristales. Imaginarse lo que harán los otros, qué habrán comprado, de qué estarán hablando y qué prepararán para la cena.
