27 septiembre 2009

Conversaciones nocturnas

Este fin de semana, he estado en el Valle de Ambroz en Extremadura con unos amigos de Madrid y dos amigas de Ávila. Durante la cena del sábado, regada con Lambrusco de la tia Emilia, llegamos a las siguientes reflexiones acerca de la vida solitaria de algunas de las que estábamos allí:

Nivel 1.- Cuando uno vive solo y, una vez superada la etapa de "no me soporto", empieza a sorprenderse ensimismado en reuniones sociales o andando por la calle.

Nivel 2.- Conforme el tiempo de soledad se va dilatando y uno va encontrándose mejor con uno mismo, no sólo se emparra andando por la calle, sino que empieza a mantener conversaciones internas con cada una de sus diferentes personalidades.

NIvel 3.- Si se consigue seguir solo más tiempo, las conversaciones internas pueden llegar a exteriorizarse de tal forma que puede que más de uno te sorprenda por la calle gesticulando y hablando solo. (Doy fe de esto. Hay uno en el pueblo que una vez me dijo "buenos días a las dos". Yo estaba hablando sola. Desde entonces nos saluda siempre, a mí y a mi interlocutora.)

Nivel 4.- Pasados unos cuantos años más de soledad, uno empieza a hablar con los objetos y seres que le rodean, véase: flores, gatos, perros, vasos, jarrones, árboles, etc.

Nivelazo.- Al final concluimos que uno se ilumina cuando consigue llegar a oír lo que las cosas le contestan.

Confieso que yo todavía no he llegado a tal estado, pero día a día trabajo duro para conseguirlo.

26 septiembre 2009

15 septiembre 2009

Santander

Mi primer viaje en septiembre ha sido a Santander. Lo tenía pendiente con mi amigo Alberto desde hace un año y medio. Y por fin se han alineado los astros. Encargamos un fin de semana soleado, para poder ir a la playa, pasear y beber cervezas sin chubasqueros.

Una ciudad llena de contrastes aunque de buenas a primeras parezca que sea "como tiene que ser": con su bahía, su cantábrico, praos, parques, montañas, edificios nuevos, casco antiguo, gente maja... Aunque he de confesar que en la playa se me quedaron los pies helados, y eso que iba vestida.

Una librería que merece la pena visitar La merienda en el tejado. Una propuesta arriesgada en la que presenta el libro infantil, además de su función tradicional, como objeto artístico. Tiene una sección de arquitectura, diseño gráfico, edición, así como de objetos relacionados con la lectura, el diseño... Hacen animaciones, organizan actividades en colegios, realizan selecciones bibliográficas...

Como Alberto tiene muchos amigos, estuvimos hablando con Ana un buen rato. Después un paseo por el faro, unas ravas en el bar que es de un legionario. Y después tortilla de patatas en casa de Alberto, con Susana. Y como tres narradores no pueden estar callados, hablamos y hablamos y hablamos.
¡Qué buenas están las rabas, y los rejos y qué decir de las anchoas cántabras!

Este oficio es una maravilla. Una conoce a gente estupenda, hace amigos, aprende gastronomía, viaja, se nutre de la sabiduría de sus compañeros... ¿Qué más se puede pedir?
Aquí os dejo unas cuantas fotos: